Tortura y coerción para incriminación de terceros
La tortura fue utilizada sistemáticamente para obligar a detenidos a incriminar a terceras personas, intensificándose cuando las víctimas se negaban a colaborar.
Las autoridades utilizaban la tortura como instrumento para obtener declaraciones incriminatorias contra otras personas, empleando amenazas de muerte y violencia física para presionar a los detenidos. Cuando las víctimas se negaban a incriminar a terceros, la intensidad de los malos tratos aumentaba significativamente. A partir de 1992, esta práctica se intensificó con los casos de «arrepentidos», quienes eran mantenidos en cautividad durante meses y sometidos a malos tratos físicos y psicológicos para identificar a presuntos colaboradores de grupos subversivos en diferentes regiones del país.