Violencia en los penales de máxima seguridad
Los penales de máxima seguridad se transformaron en espacios de tortura, maltrato e intimidación estatal que generaron trauma físico y psicológico en militantes subversivos, arrepentidos y presos.
La población carcelaria estaba conformada principalmente por militantes del PCP-SL y MRTA, así como personas desvinculadas que se acogieron a la Ley de Arrepentimiento. A partir de 1992, los penales de máxima seguridad se convirtieron en espacios donde el Estado ejerció violencia, torturas y maltratos para intimidar, extraer información y aniquilar a quienes consideraba subversivos. Lejos de ser lugares de rehabilitación, estos penales generaron condiciones que fortalecieron sentimientos de odio y rencor, cohesionaron a los internos ideológicamente y reprodujeron la violencia en su interior. Los efectos físicos y psicológicos del trato tortuoso en prisión marcaron a miles de personas incluso después de obtener su libertad.