Bienvenidos a casa. Desplazados ayacuchanos retornan a sus tierras, pero SL también los aguarda
Eran las 11:30 de la noche del 29 de agosto y Ramón Guillén, dueño de una farmacia en San Miguel, dormía mientras a pocos metros de la Plaza de Armas los ruidos de una bulliciosa fiesta atronaban los aires. De pronto, golpes violentos en la puerta de la botica lo sacaron de la cama. Afuera unos hombres gritaban, ¡Abran la puerta o la dinamitamos! Cuando el asustado Guillén abrió, tres senderistas entraron y otros dos se quedaron en la puerta. A media cuadra había dos más que servían de "campanas". Los que entraron estaban con el rosto descubierto, se identificaron como miembros de SL y pidieron a Guillén antibióticos y dinero. Publicado el 26 de septiembre de 1996.