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Tratado de arqueología peruana
El poeta Roberto Zariquiey hace las veces de un arquéologo que usa los versos como si fueran la espátula y la brocha que sirven no para desenterrar los restos de personajes de un pasado remoto, sino a los muertos cuyos tristes despojos se amontonan en las fosas comunes que son el rezago y recordatorio de unos años en los que la violencia ejercida tanto por los criminales grupos terroristas y las fuerzas armadas, son motivo de controversia y desencuentro hasta el día de hoy: “El aqueólgo piensa en una arqueología de lo humano. Excavar en la misma plazuela de Huanta. Excavar en todas las fosas comunes de la tierra y saber si seríamos capaces de perdonar”.