Uchuraccay Massacre Aftermath
In the aftermath of the Uchuraccay massacre, Saturnina Figueroa, the widow of Severino Morales, recounted the threats she faced from local forces. She was spared from death but was warned to remain silent about the events, under the threat of death. The community was under pressure to hide the truth, and residents were forced to flee and hide whenever outsiders approached.
Tras los hechos violentos en Uchuraccay, los comuneros impusieron un régimen de silencio amenazando con matar a quienes revelaran lo sucedido. A las víctimas supervivientes se les ordenó esconderse cuando aparecían helicópteros y se les prohibía contacto con personas ajenas a la comunidad bajo pena de muerte, encarcelamiento o quema de sus hogares. Esta estrategia buscaba evitar que los crímenes trascendieran más allá de la comunidad local.