Violencia alcanza su mayor cúspide en la región central
En 1992 la violencia alcanzó su punto máximo en la región central con atentados, asesinatos, desapariciones y ejecuciones extrajudiciales como hechos cotidianos. El temor se apoderó de la población mientras tanto el PCP-SL como el MRTA enfrentaban su derrota definitiva.
En 1992, la violencia alcanzó su mayor cúspide en la región central del Perú. Los atentados dinamiteros, apagones, sabotajes, asesinatos, desapariciones, ejecuciones extrajudiciales, detenciones arbitrarias y combates guerrilleros se convirtieron en hechos cotidianos. El temor y la zozobra se apoderaron de la población en toda la región. Entre los eventos más graves de ese año se registraron masacres como la de Ulcumayo el 8 de febrero con 15 campesinos muertos, el ataque subversivo a Pichanaki el 19 de junio, y la masacre de Sincos el 21 de octubre con 8 asesinados. A fines de 1992, tanto el MRTA como el PCP-SL ya estaban derrotados, aunque el PCP-SL mantenía capacidad militar para desarrollar acciones contra la población y las fuerzas del orden.