Todo el Perú tiene que ver con los desaparecidos
La madrugada del 3 de julio de 1983, un grupo de treinta militares irrumpió en la casa de Angélica Mendoza de Ascarza y se llevó a su hijo Arquímedes, entonces de 16 años. Fue la última vez que lo vio con vida. Desesperada, a punto de volverse loca por no saber el paradero de su hijo, removió cielo y tierra tratando de hallarlo. Dos meses después, junto a otras madres, esposas e hijas que buscaban también a los suyos, fundó la Asociación Nacional de Familias de Secuestrados, Detenidos y Desaparecidos (ANFASEP). Desde entonces, desde hace treinta años, no ha cejado en la búsqueda de su hijo y de justicia para los responsables de su desaparición.