Viles y malvados
Sólo en el Perú se ha dado el caso, no de una persona particular, sino de un régimen político, cuya línea directriz, a la hora de nombrar ministros o reclutar parlamentarios y funcionarios, parezca tener el objetivo de demostrar a la opinión pública que la decencia, la coherencia y la integridad no existen y que todo ciudadano puede ser sobornado, comprado, corrompido y utilizado por el Gobierno, aun para los menesteres más innobles, sin mayor dificultad.